La metodología de la enseñanza de lenguas reserva hoy día un merecido lugar a la pragmática.
La autora ilustra muy bien esta importancia con ejemplos que muestran cuantos malentendidos se pueden dar aún dominando la forma de la lengua.
Evidentemente, y salvo en el caso de alumnos recién nacidos, los alumnos no parten de cero, trasladan a la lengua que aprenden las estructuras y usos de su lengua materna, o de una segunda lengua, lo que puede ser positivo como también contraproducente. Como bien dice la autora, un error gramatical o fonético es más fácil de detectar, luego de corregir, y a la hora de interactuar con nativos es totalemente "perdonable", incluso "simpático". Un error pragmático en cambio, puede crear situaciones socialmente incómodas e injustas para un alumno ignorante de las normas extralingüísticas de la lengua que aprende.
En las clases de español pues, gramática y pragmática han de ir de la mano.
Algunas claves que encuentro interesantes para el desarrollo de las competencias pragmáticas de los alumnos son:
-Crear en el aula un ambiente de enriquecimiento mutuo, profesor-alumno, entre las culturas presentes y la cultura a la que pertence la lengua que se estudia.
-Conocer los motivos por los que el alumno desea aprender la lengua. Cuando se da un objetivo concreto (negocios, turismo,...) es sin duda más fácil acotar la zona "peligro: interferencias pragmáticas".
-Explicar abiertamente, con ejemplos, contenido audiovisual,...situaciones con riesgo de producir confusiones.
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